dissabte, 16 de maig de 2015

Brunch Electronik #4







No hace falta sol para lucirse


Text: Paula Pérez
Foto: Víctor Parreño


Métricas frenéticas. Choques no del todo inocentes. Pastillas voladoras. Excéntricos ropajes y pelajes. Pero, sobre todo, la diversión que genera la confusión. O al revés. Sí, la confusión que genera la diversión. La fiesta atrae tanto porque aquel viernes a las tres de la mañana en esa discoteca eres feliz, no importa las preocupaciones que tengas porque, sea real o ilusoriamente, eres jodidamente feliz. Pero eh, espera. A plena luz del día cuando el reloj marca las cuatro de la tarde de un domingo haces exactamente lo mismo y te sientes todavía mejor. Estás en el Brunch Electronik Barcelona 2015.

Un sabio pensó una vez que en un festival de música electrónica no tienen cabida los niños. Y otro aún más sabio le llevó la contraria. Patines, camas elásticas, rocódromo y demás actividades mantienen a los niños entretenidos mientras los padres modernos que son increíblemente felices siendo padres tienen la excusa perfecta para emborracharse digo divertirse sin perder de vista a los nenes. Con esta mezcla de edades, nacionalidades y gustos, las reglas no están muy claras y por eso la fauna extravagante aflora. El único requisito tácito que se implantó fue la necesidad abrumadora de llevar gafas de sol en todo momento. Que el 26 de abril estuviese nublado, es decir, con el sol en algún lugar recóndito muy lejos de cualquier vista por privilegiada que fuere, era una circunstancia de consideración menor.

Entrar en el Poble Espanyol un día de Brunch es como entrar en otro mundo. Hay como muchas cosas a la vez y no se sabe bien dónde dirigir la mirada. Lo primero que se suele hacer es coger algún tipo de bebida alcohólica para que así se aclaren las ideas. Después, evidentemente, hay que comer, que por algo le llaman Brunch. La comida es exclusivamente vegetariana porque a pesar de llevar encima diez birras (y más cosas) sigues siendo una persona muy concienciada con tu salud. En ese recinto no te queda otra que divertirte y hay muchas distracciones para que consigas tu objetivo. Por ejemplo, hay mercadillos de ropa. Porque igual te estás bebiendo tu Spritz tranquilamente y de repente sientes un vacío en el armario que sólo puedes llenar con esa camisa o esas gafas de sol (nunca son suficientes). Hay que estar a todo. Somos jóvenes y tenemos que aprovechar cada migaja de vida.

Las personas se mueven felices y despreocupadas. Está igual de bien si llevas dentro el ritmo ragatanga desenfrenado como si tu mundo interior es más chillout y te va eso de sentarte y hablar. Es la libertad total. Que por algo vivimos en una ciudad tan cosmopolita. Es como un after, pero sin la decadencia de los afters. Bien pensado no tiene demasiado que ver. Pero como no tiene que ver con nada socialmente integrado, hacer comparaciones es una tarea complicada. Coges otra sangría para que la inspiración no decaiga. Dicen por ahí que el lunes es el mejor día de la semana para curar la resaca. Pasan las horas y la gente ya se va animando más en serio. Cualquier motivo es bueno para darlo todo, o un rayo de sol oh oh oh, o una fotógrafa desde el balcón de encima del escenario. La gente bailotea de forma muy boyante mientras los DJ’s hacen la suya. Y es que Sau Poler, Pional y el irlandés Mano Le Tough no son pocos motivos para venirse arriba.

Los personajes que allí hay tienen estilos muy heterogéneos que comparten esa zarrapastrosidad meticulosamente calibrada tan propia de nuestros días. Se pasean satisfechos con sus radiantes ropas de una procedencia y temporalidad de otra dimensión como mínimo. Lo mejor es que tanto pueden ser de una tienda vintage de la Berlín más underground como de un puesto guiri en Puebla de Sanabria. También pueden ser la última revolución de Londres o lo que se ponía tu madre en los años 80 para ir a comprar el pan. Es difícil, pero si ignoras las lecciones estilísticas que van azotando a cada paso dado, los DJ’s conseguirán que te fusiones con la música. ¡Vaya! Entre tanto floripondio casi se olvida por lo que estamos aquí, por la música.
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